La Fundación Orona se suma a la iniciativa de la Nao San Juan

19/01/2015

El proyecto Albaola y en concreto la construcción de la Nao San Juan, vienen a poner el valor, lo que supuso para nuestra sociedad, en  siglos pasados, el dominio y conocimiento de la tecnología (la construcción naval en este caso), en un momento histórico concreto. Dicho conocimiento tecnológico, supuso el desarrollo económico del entorno (maderero, minero, artesanal, comercial, nacimiento del caserío como unidad económica, etc.) y la apertura al mundo.

ORONA, hoy en día, 450 años después de la construcción de la Nao San Juan, basa su estrategia y compromiso con el futuro y su entorno, en la innovación tecnológica y la apertura al mundo (internalización), entre otros ejes estratégicos.

Orona Fundazioa colabora con Albaola desde la puesta en marcha del proyecto. Desde el inicio de las obras y acondicionamiento del espacio de la Factoría Marítima Vasca Albaola, un convenio de colaboración entre las dos entidades ha ido dando sus frutos y ORONA se ha convertido así en miembro de la Red San Juan. Son además visitantes habituales de la Factoría, siendo testigos incondicionales del proceso de construcción de la nao San Juan.

La ayuda de Orona Fundazioa ha sido muy diversa. Hasta la fecha, cabe destacar su aportación en la renovación del edificio: en las obras que convirtieron el antiguo Astilleros Azkorreta en la Factoría Marítima Vasca Albaola –un museo vivo y humano- la cooperativa dotó de infraestructuras de accesibilidad al nuevo equipamiento cultural de Oarsoaldea. De manera más continuada, ha ayudado y ayuda en la difusión del proyecto dentro de su red de contactos.

Ahora, Orona Fundazioa se une a la iniciativa de apoyo económico del proyecto de la construcción de la nao San Juan y apadrina una pieza fundamental del ballenero: el cabrestante, que a fin de cuentas viene a ser un arcaico elevador de cargas.

Un cabrestante es, básicamente, un torno vertical; gracias a él los marineros veían multiplicada su fuerza. En su parte superior se insertaban seis barras de quita y pon; dos hombres empujaban en cada barra, doce hombres en total. El cabo del que se deseaba tirar era enrollado en el cabrestante; los marineros comenzaban a empujar, siguiendo las órdenes del contramaestre. 

En los barcos del siglo XVI se empleaba el cabrestante para hacer grandes esfuerzos; servía especialmente para levantar cargas pesadas. Con ligeros cambios en el diseño, el sistema se mantuvo inalterado durante siglos hasta el advenimiento del vapor.