Chillida Leku y Orona Fundazioa firman un acuerdo de vecindad.

15/02/2019
El primer paso será la colaboración para implementar un modelo de restauración sostenible en el museo: cafetería y servicios de catering. ● Desde la filosofía del proyecto Diámetro 200, centrada en el uso de productos locales y de temporada y con el chef Fede Pacha como cabeza visible, el proyecto de restauración “Lurra” reforzará el impacto positivo en el territorio.
En el marco de la relación de vecindad y el compromiso de ambas entidades con el territorio local, Chillida Leku ha firmado un acuerdo con Orona Ideo, mediante su Fundación. El primer paso de esta colaboración se materializará con la implantación del modelo Diámetro 200, un proyecto impulsado y creado por Orona Fundazioa en la cafetería del museo, una de las novedades con las que contará Chillida Leku de cara a su reapertura el próximo mes de abril. El espacio en el que los visitantes podrán detenerse a tomar un café o picar algo durante su visita, se llamará “Lurra” (la tierra en euskera). Este nombre alude a un profundo vínculo con el territorio, un principio que caracteriza tanto a Chillida Leku como a este proyecto de alimentación sostenible y de proximidad, liderado por el chef Fede Pacha. “Lurra” hace también referencia a la tierra como materia utilizada por Eduardo Chillida. Si en sus inicios artísticos rechazó la arcilla por su excesiva maleabilidad, años más tarde se sentirá fascinado por la tierra chamota. Para el escultor, las tierras tienen algo de primigenio, de retorno al origen. De esta forma, el nombre “Lurra” rendirá homenaje de forma conjunta a la implicación con el entorno que desempeñan Orona Ideo y Chillida Leku, así como a la filosofía que el escultor aplicaba al trabajar con esta materia. El profundo respeto a la naturaleza y la vinculación con el territorio fueron algunos de los valores que caracterizaron a Chillida y que son extensibles a toda su obra. En este sentido, Chillida Leku comparte misión y filosofía con el proyecto de Orona Ideo, ecosistema de innovación que pivota en torno a la sostenibilidad social y medioambiental, cuya sede está ubicada a apenas un kilómetro del museo. Diámetro 200 y Chillida Leku: la misma misión para el mismo entorno El proyecto Diámetro 200 nació con una doble vertiente: proporcionar alimentación saludable y sostenible a los empleados y visitantes de Orona y, al tiempo, convertirse un agente activo de la economía local, en concreto del sector primario. Los servicios de cafetería y catering de Chillida Leku estarán concebidos desde este modelo. En ellos se seguirán los mismos procedimientos que en la cafetería las cantinas de los centros de trabajo de Orona en Hernani. Este modus operandi, que lleva cinco años aplicándose de manera exitosa, pone el acento en la alimentación en base a alimentos locales, de temporada y en la medida de lo posible ecológicos, con una voluntad decidida por generar impacto positivo en el territorio. Su propuesta se apoya en el trabajo de los baserritarras –agricultores y ganaderos locales– basándose en la utilización de productos que crecen y maduran en un círculo de 200 kilómetros de diámetro alrededor de Hernani. Esta iniciativa es posible gracias a su red de proveedores y colaboradores, que actúan bajo las premisas de la responsabilidad social y medioambiental. Entre ellos, cabe destacar la finca agroecológica Karabeleko, la asociación de agricultores Lur Lan, la escuela de cocina Luis Irizar y el propio concesionario Diámetro 200, entre otros. Nace así una colaboración entre el ecosistema de innovación (empresa, centro de investigación y universidad) de una compañía abierta al mundo como Orona y un museo, Chillida Leku, cuya propia naturaleza le convierte en un centro único en el mundo. Las tierras en la obra de Chillida El trabajo con la tierra es una de las áreas más representativas de la obra de Eduardo Chillida. El artista se aproximó a este material por su aspecto macizo y el hecho de que podía ser trabajada en bloque, pero lo que le atrajo en primera instancia fue su sonido. En palabras del propio escultor: "Ha habido un momento en el cual la materia se me manifestó a través del oído, con Hans Spinner. Yo estaba trabajando el grabado en Saint-Paul-de-Vence (Francia). Y entonces oí el ruido desde el estudio. Bajé y le dije a Hans. ¿Me dejas tocar esto? Toqué y pensé: ‘Esto, pelota para entrar al aire’. Algo que se suele decir en el frontón cuando viene una pelota bien colocada”.